NATURALEZA Y CULTURA
La naturaleza se presenta como una realidad caracterizada por la permanencia, la estabilidad, la regularidad. El retorno de las estaciones y de las floraciones, la constancia de las formas de lo viviente, pero también del mundo material, hacen de la naturaleza, por así decirlo, el testimonio de la sustancialidad del ser: que las cosas tengan una naturaleza significa que poseen una suerte de solidez en la cual el ser humano puede hacer capital de sus acciones y sus empresas. La naturaleza encubre una suerte de verdad que habría que descubrir.
La cultura es una institución humana, y como tal corresponde al ejercicio de una voluntad, o, al menos, a un conjunto de intenciones de sentido: la cultura es un mundo donde se despliegan reglas y valores. Éstos, sin embargo, son relativos al accionar humano, y son, por así decirlo, víctimas de su inconstancia: la cultura es también el mundo de la diversidad de creencias, de la inconstancia de las pasiones, o incluso de la contradicción de las decisiones humanas.
Naturaleza y cultura han sido distinguidas desde el punto de vista de la libertad de la acción. Lo natural es, ante todo, lo espontáneo, lo instintivo, lo irreflexivo, o sea, la ausencia de la puesta en marcha del pensamiento deliberativo, del juicio, de la reflexión, que caracterizan por el contrario el despliegue de la acción libre, es decir, voluntaria.
VIRGEN DE GUADALUPE
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe es una maravillosa síntesis cultural, una obra maestra que presentó la nueva fe de manera tal que pudo ser entendida y aceptada inmediatamente por los indios mexicanos. Es imposible de describir aquí la rica y complicada simbología que contiene este cuadro-códice porque cada detalle de color y de forma es portador de un mensaje teológico. El rostro impreso en el ayate es el de una joven mestiza; una anticipación, pues en aquel momento todavía no habían mestizos de esa edad en México.
María asume así el dolor de miles de niños, los primeros de una nueva raza, rechazados entonces tanto por los indios como por los conquistadores. La Virgen está de pié y su rostro se inclina delicadamente recordando un poco las tradicionales "Inmaculadas". Esta oportuna inclinación evita que el empate que une las dos piezas del tejido caiga dentro de la faz de la Virgen. El manto azul salpicado de estrellas es la "Tilma de Turquesa" con que se revestían los grandes señores, e indica la nobleza y la importancia del portador. Los rayos del sol circundan totalmente a la Guadalupana como para indicar que ella es su aurora. Esta joven doncella mexicana está embarazada de pocos meses, así lo indican el lazo negro que ajusta su cintura, el ligero abultamiento debajo de este y la intensidad de los resplandores solares que aumenta a la altura del vientre. Su pie está apoyado sobre una luna negra, (símbolo del mal para los mexicanos) y el ángel que la sostiene con gesto severo, lleva abiertas sus alas de águila.
La Virgen de Guadalupe se presentó ante sus hijos como la Madre del Creador y conservador de todo el universo; que viene a su pueblo porque quiere acogerlos a todos, indios y españoles, con un mismo amor de Madre.
POSITIVISMO
Estadio teológico: Para el autor la infancia de la sociedad humana está caracterizada por el predominio del pensamiento teológico, este estadio tiene su principal característica en que las explicaciones eran mágicas .Era un estadio provisional y preparatorio. A su vez se divide en las siguientes fases:
Fase fetichista: Es la más inmediata, consiste en atribuir a todos los cuerpos exteriores una vida esencialmente análoga a la nuestra, pero más enérgica. La adoración de astros es el grado más alto.
Fase politeísta: Aquí la filosofía inicial sufre la más profunda transformación. La vida es por fin retirada de los objetos materiales para ser transportada a los diversos seres ficticios, habitualmente invisibles, cuya activa intervención se convierte en la fuente directa de todos los fenómenos exteriores. Según Comte la mayor parte de nuestra especie no ha salido todavía de esta fase.
Fase monoteísta: Supone la decadencia de la filosofía inicial. Su característica es la adoración a un solo Dios. Es una fase de gran abstracción.
2. Estadio metafísico: La metafísica intenta sobre todo la íntima naturaleza de los seres, el origen y el destino de todas las cosas, pero en lugar de emplear para ello los agentes sobrenaturales los reemplaza, por aquellas entidades o abstracciones personificadas, cuyo uso, en verdad característico, ha permitido a menudo designarla con el nombre de ontología. Es entonces la pura imaginación la que domina, y todavía no es la verdadera observación: pero el razonamiento adquiere aquí mucha extensión y se prepara confusamente al ejercicio verdaderamente científico.
Es un período intermedio, de duda, todo se cuestiona. Lo define como “una especie de enfermedad crónica inherente por naturaleza a nuestra evolución mental.”
3. Estadio positivo: La lógica especulativa había consistido hasta entonces en razonar, no ofreciendo prueba alguna. Este estadio poco a poco estará presente en toda la humanidad. Es la última fase en la evolución del pensamiento y la sociedad. Los hombres aceptan la realidad a través de la observación, experimentación.... A través de este pensamiento orden y progreso se unen. El pensamiento se limita a ser operativo, estudiar la mecánica de los fenómenos y la relación entre ellos.
Posteriormente nos habla de la naturaleza relativa del espíritu positivo, y nos dice que la ciencia se limita a descubrir los objetos externos sin descubrir su verdadera constitución, y que ninguna ciencia mejor que la astronomía puede mostrar esa naturaleza necesariamente relativa de todos nuestros conocimientos reales. Y por lo tanto el destino de las leyes positivistas consiste ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales.
Una vez que ya nos ha hablado del destino de las leyes positivistas, nos habla del destino del espíritu positivo, que en definitiva viene a ser la satisfacción de nuestras propias necesidades, ya que la filosofía positiva procura en los espíritus bien preparados una aptitud muy superior a la que nunca pudo ofrecer la filosofía teológico- metafísica .
elaboro: marcela quiroga